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Qué es el despertar de la consciencia

1 junio 2022

En este artículo vamos a profundizar acerca de la consciencia y la espiritualidad laica. Vamos a entender factores más profundos de nosotros mismos y de la realidad que pasan desapercibidos al vivir constantemente en la superficialidad de la mente. Al final del artículo, sabrás exactamente qué es el despertar de la consciencia y cómo puedes generar las condiciones para que suceda. 

 

Consciencia y espiritualidad dormidas

Cuando hablamos de vivir dormidos estamos haciendo una analogía con lo que ocurre cuando estamos soñando. Al dormir, la mayoría de nosotros no es consciente de que está dentro de una ilusión. Creemos que el sueño es real porque así nos lo parece, aunque en verdad no lo es. De la misma manera, vivir dormido significa que aceptamos como verdadera la ilusión de nuestra mente y de los pensamientos que surgen en ella, desconectándonos de la auténtica realidad.

 

Confundir tu identidad con tu historia

El viaje de la inconsciencia o de estar dormido empieza cuando nuestra mente está lo suficientemente evolucionada para viajar al pasado y al futuro. Aunque la memoria y la imaginación son grandes herramientas, es muy común quedar atrapados por ellas. Entonces perdemos el contacto con lo que los místicos llaman el “Yo Soy”, es decir, la presencia que somos en este instante, y la sustituimos por una identidad mental ficticia, que nunca está basada en el presente sino en la historia que nos contamos a nosotros mismos. 

 

Creer que los pensamientos son la realidad

Al basar nuestra identidad en los pensamientos, estos cobran cada vez más importancia. En cierto modo, nos volvemos adictos a pensar porque esto refuerza nuestro falso concepto de identidad. Nos identificamos con los pensamientos que surgen en la mente, creyendo que lo que pensamos es la realidad. Y al no saber crear espacio entre lo que ocurre y lo que pensamos acerca de ello, nos volvemos personas reactivas, mecánicas e inconscientes. Nos cuesta entrar en contacto con lo que es, ya que siempre le otorgamos etiquetas e interpretaciones que surgen en la mente.

 

El ego: la identidad mental eternamente insatisfecha

El ego es un mecanismo de supervivencia muy útil que nos permite adaptarnos al entorno social al que pertenecemos. Sin embargo, es muy distinto tener un ego a que el ego te tenga a ti. Es decir, que el ego sea la herramienta que usas o sea el amo que te usa a ti. El ego surge en la mente, ya que se alimenta de los pensamientos y creencias que te permiten amoldarte a la sociedad. Sin embargo, pagas un precio muy caro por ello: pierdes el contacto con la espiritualidad esencial, presente en el aquí y ahora, sintiendo una desconexión profunda con la vida. 

 

Ego equivale a sufrimiento

Vivir desde el ego es vivir enajenado de tu verdadera esencia, en la que se encuentra todo lo que buscas. Por eso vivir desde el ego siempre acaba acarreando sufrimiento, ya que te alejas a ti mismo de la fuente de la alegría, paz y dicha que se encuentra en tu interior. No obstante, al experimentar vacío, el ego nos incita a buscar lo que nos falta fuera de nosotros mismos, cometiendo el error fundamental: creer que lo que necesitamos para sentir plenitud se encuentra fuera de nosotros.

 

La búsqueda en los objetos externos

Al fin y al cabo, el ego es un mecanismo que se basa en lo exterior, ya que pretende adaptarse a ello. Así que es normal que busque la solución a los problemas que él mismo ha creado fuera de sí mismo. La única solución pasa por desidentificarse del ego, de la mente y de los pensamientos, entrando en comunión con esa parte de nosotros mismos que está más allá de ellos. 

 

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Consciencia y espiritualidad: el sufrimiento como alarma

Los resultados existenciales negativos

Vivir dormidos, totalmente identificados con la historia mental que nos contamos y buscando fuera aquello que tenemos dentro acaba acarreando sus consecuencias. En nuestro día a día nos perturbamos constantemente, creamos conflictos innecesarios con nuestros seres queridos, luchamos contra la realidad y, en definitiva, nos tratamos mal a nosotros mismos. Y esto no se queda aquí: este mal trato interior se refleja en el exterior, padeciendo problemas de salud, relaciones o abundancia, entre otros.

La sombra

Al vivir desde el sentido de supervivencia de la mente y del ego, aparcamos en nuestro inconsciente todo aquello que no queremos mostrar a la sociedad. Negamos los complejos, inseguridades y carencias, pero estos dominan nuestro comportamiento desde la oscuridad de la mente. Al no querer asumir nuestro lado oscuro, nos quejamos, culpamos a los demás y nos victimizamos, entrando en una nube de negatividad cada vez más densa y reforzando nuestra identificación con el ego y la mente.

 

La noche oscura del alma

Llega un punto al que llamamos “la saturación de sufrimiento”. Cuando los resultados existenciales son tan desagradables y la sombra ejerce tanta presión sobre nosotros, nos damos cuenta de que ya no nos aguantamos más a nosotros mismos. Experimentamos un vacío profundo. De pronto, nos damos cuenta de que no tenemos ni idea de vivir, que no sabemos quiénes somos ni le encontramos ningún sentido a la existencia. Nos adentramos en la noche oscura del alma, la oportunidad de cambiar nuestro rumbo y despertar de verdad. 

 

Honestidad y responsabilidad: el paso crucial

Sin embargo, en este momento muchas personas se niegan a mirar hacia dentro. Su ego les insiste en seguir mirando hacia fuera. Y el miedo les niega la oportunidad de cambiar su foco. Otras personas, sin embargo, hacen lo extraordinario: son honestas, se cuestionan a sí mismas y empiezan a conocerse de verdad, haciendo un trabajo duro pero apasionante de autoindagación. Se hacen responsables de su vida, dejando de culpar a los de fuera y poniéndose manos a la obra para ejecutar los cambios que solo dependen de ellos. 

 

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Consciencia y espiritualidad despiertas

El cambio y la permanencia

Para entender la consciencia desde un punto de vista espiritual, es importante hablar de un concepto profundo: las dos dimensiones de la realidad y de uno mismo. Si prestas atención, la forma en la que se expresa la realidad externa siempre está cambiando. De igual forma, la realidad interna también se modifica a cada instante. Sin embargo, hay un factor común que nunca cambia: el profundo aquí y ahora, el momento presente que sostiene todos los cambios. Aunque la realidad cambie, siempre sigue siendo este momento. Aunque tu estado de ánimo se altere, el espacio en el que ocurre esa variación sigue siendo el mismo. Esta presencia inalterable que contiene todo lo demás es tu verdadera naturaleza. 

El aquí y ahora

La persona despierta basa su identidad en el “Yo Soy”, es decir, en la presencia que es en el momento presente, el cual es el único que existe. Gracias a este anclaje en el aquí y ahora, se desarrollan dos cualidades de la consciencia: la observación sin juicio y la atención plena. Esto se aplica tanto a los cambios internos como externos, es decir, tanto a los hechos como a los pensamientos o emociones. Entonces te das cuenta de que si tú eres capaz de observar tu mente, entonces no puedes ser ella. Tienes que ser algo separado de ella: la consciencia que se mantiene pura e inalterable. 

 

La mente como herramienta

Esto no significa que la persona despierta no use su mente para pensar, razonar y analizar. Más bien todo lo contrario. Al ser consciente de que él no es la mente, sino el observador que hay detrás de ella, el despierto puede usar su mente sin caer en sus sesgos o patrones de conducta repetitivos. Al ser capaz de disociarse y desapegarse del contenido de su mente, es libre de cuestionar sus propias creencias y pensamientos si estos no le ayudan a vivir mejor. En definitiva, estando dormido se usan las facultades de la mente sin una consciencia que las guíe. En cambio, estar despierto implica utilizar esas mismas facultades pero teñidas de consciencia, lo cual repercute en un mayor entendimiento de la realidad y en tomar decisiones más sabias

 

La reconexión con la esencia

El resultado de todo el proceso de trascendencia de la mente y el ego desemboca en la reconexión con el ser esencial, esa parte de nosotros que está en contacto con la dimensión inmutable de nosotros mismos y de la realidad. Es en este “regreso a casa” donde experimentamos la alegría, el amor, la armonía y la belleza que nos caracterizan pero que perdimos en nuestro proceso natural de adaptación a este mundo. Y al sentirnos más plenos y abundantes, cada vez empezamos a atraer circunstancias más favorables a nuestra vida. 

 

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Consciencia y espiritualidad: 3 claves para despertar

  1. Vive más allá de la mente

Vivir dormido significa estar totalmente apegado a la mente y los pensamientos. Es por ello que es clave generar espacios para el silencio, la meditación y la contemplación, que nos conecten con la profundidad del momento presente. Para desarrollar el hábito de observar la mente y aquietar los pensamientos, podemos destinar 10 minutos al día a la respiración consciente, a sentir la presencia de nuestro cuerpo o a cultivar la atención plena (mindfulness).

 

  1. No des tanto valor al pensamiento

Los pensamientos son una herramienta genial para interpretar, juzgar, analizar, recordar y anticipar. Nos sirven de manera maravillosa para encontrar soluciones, organizar nuestro día a día y llegar a conclusiones lógicas. Sin embargo, no es recomendable usar los pensamientos para dotar de identidad a la realidad, a ti mismo o a los demás. Pretender conocer los hechos y las personas desde el pensamiento es como intentar conocer la sensación de bañarse en el mar sin haberlo hecho nunca. Por tanto, vive la vida más allá de la mente, abriéndote por completo a la experiencia. 

 

  1. Acepta y sana tu sombra

El inconsciente es el lugar donde habitan nuestras mayores sombras y también nuestras luces más espléndidas. Sin embargo, si no amamos y aceptamos los defectos, complejos, traumas y heridas que hemos guardado en el inconsciente, nuestra parte más luminosa y auténtica queda también retenida. Para sanar tu sombra, es fundamental revisar las experiencias de tu infancia, la relación con tus padres y todas las experiencias que te han marcado. 

 

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